lunes, octubre 17, 2005

Hasta que llegó la hora


Y se fue sin decirlo y sin que yo dijera nada tampoco, porque nunca recuerdo decir las cosas que creo evidentes, por no repetirme supongo, pero siempre olvido que tengo un concepto algo equivocado de lo evidente y de repente él sólo, sin contar conmigo decidió un cambio de planes y se fue y no pude-supe-quise sacar el tema y ahora mi silencio me hace sangrar más que simple papel en blanco, una carta no escrita o una navaja y pienso en lo absurdo que será estar allí acordándome de él y tal vez paseando por su calle como en las películas en que vemos a los personajes que no se cruzan por tan sólo un minuto y deseas que tropiecen el uno con el otro y al final sucede algo que les une para siempre, pero solo es una puta película comercial americana que al final no ví, en cambio si vimos a Leone abrazados en el sofá y a Claudia Cardinale desesperada y triste al ver a Charles Bronson alejarse sin poder hacer nada...

2 comentarios:

Anónimo dijo...
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Marsala dijo...

Confiaremos menos en el azar y en lo evidente. Lo manda Jacques Brel, y es preciso obedecerle siempre.