miércoles, noviembre 02, 2005

Out of season

A veces sólo a veces, una tiene que saltarse las normas y las promesas (autoimpuestas o no).
Yo no lo imaginaba cuando al volver a casa por la mañana, un día en que extrañamente la casa estaba vacía a esas horas puse el disco más triste de todos los que encontré y me dormí en el sofá con la luz inundando el salón y la cadena y la televisión encendidas para no sentirme tan sola. Y lloré al escuchar la atercipelada voz de Beth Gibbons sin entender sus letras, pero lloré porque el disco era triste y desgarrador, al igual que su voz y mi vida en esos momentos. Lloré hasta quedarme dormida con las lágrimas pegajosas en mi rostro por culpa del rimmel que me ponía para enmascarar mi desesperación (ya casi nunca me echo rimmel). Lloré sin saber todas las lágrimas que vendrían después de aquella noche. También sin imaginar todas las risas que me esperaban mucho después, todos los veranos por venir.
Y en pleno inicio del otoño aquí en Gijón, con sus planes para el año que está por venir decidí obligarme a una rutina, la de traducir una canción cada día para mejorar mi inglés y elegí precisamente esa canción para empezar y me resultó muy familiar lo que decía, pero no caí. Y al día siguiente le ví, después de todo este tiempo, de este largo y cálido verano. Me acerqué, le saludé con dulzura, pero con firmeza y seguridad, como la mujer que soy y no era entonces. Y todo fue bien, hasta que él me clavó su mirada felina de nuevo y supe que lo nuestro nunca se había cerrado del todo. De nada valían ya excusas, promesas, se volvió mentira todo lo dicho cinco minutos atrás y tomé las riendas con tal seguridad que cualquiera en su sano juicio se hubiera asustado y se hubiera marchado corriendo, sin mirar atrás. Pero él nunca fue capaz de irse, después de mirarme a los ojos, ni yo tampoco.
Y fue diferente, porque yo ya no soy la misma, pero a la vez fue como antes y las tres veces me cayó una lágrima, pero ya no lloré y no sentí que me desgarraba por dentro, aunque me sintiera triste y volví a amarle por un instante y comprendí que le amaría en mil instantes, pero no en el instante eterno. Y en la despedida, esta vez, no esperé nada, no quise nada y pude dormir. Y suena Tom the model, pero nada es igual...

7 comentarios:

Marsala dijo...

Y tu lo sabes

Anónimo dijo...

Y sin embargo cada cual mata lo que ama...

Balada de la cárcel de Reading

Anónimo dijo...

Quisiera aclarar que el comentario anterior no es mio, y lo puedo demostrar: le faltan comas.

Sería algo así:" Y, sin encambio, cada cual, mátalo, que ama,,bala,d,a del, a cárcel de, reading".

¿Ves? No es mio...

Anónimo dijo...

Por cierto, te envidio porque eres muy legible y tienes pechos, que debe ser como tener un parque de atracciones pa uno solo. Y quien dice pechios dice tiroriro...

Osea, que eres muy legible, vamos, ea.

Golfo dijo...

Mejor así no.
No somos los mismos...
pero somos mucho mejores (más fríos, más duros, más desgarrados que ya no se puede desgarrar, más preparados.. heridas, benditas heridas)
Si no fuese así, menuda mierda...

te gustan los Cure... puestos a traducir, son lo mejorcito en letras en inglés... lo curioso es que al traducirlo suena un poco a Camela (y viveversa)... de ahí su magia, quizá.

Tankian dijo...

joder pelirroja de mis entretelas, tengo que descubrir por mi mismo que nuestra amiga común tiene un blog.
De verdad que me tienes contento, ni me lees, ni me linkas, ni vienes...y yo promocionándote.
Me sorprende lo buena persona que soy.

La Oruga dijo...

A veces... y, fíjate, llevo 72 horas despierta... y sólo tres de nueve, linda... catastrófico... y llueve tanto porque llevo sandalias... pero esta noche arraso, linda... y la vida que siga su camino, que yo no me paro... y tú de mi mano.