martes, septiembre 27, 2005

Donde no existe el invierno

Me da igual lo que diga el calendario, aún no ha llegado el Otoño, lo sé porque la otra noche un morenazo se dejó su pasaporte italiano en mi habitación, porque recibo postales que, sin querer, me dan un nuevo nombre, me regalan una vida más, porque me parece que desde mi útimo invierno han pasado más de cien años, porque siento que los kilómetros no me alejan de la gente a la que quiero y me da fuerzas para emprender El Viaje, porque me siento hermosa sin maquillaje y porque el teléfono ya no es mi enemigo, seguramente no sea más que un casual y oportuno retraso, pero también es posible que este verano sea el más largo y cálido de mi vida y haya encontrado a mi Ben Quick y empiece a romper el vínculo enfermizo que siempre me ha unido a Will Varner...

3 comentarios:

PIRRI dijo...

No me podría sentir más identificada con tu felicidad interna que irradias por los cuatro costados, hasta por la red!!!Que maravilla de estado,no? A ver si el seco y frío otoño que nos pisa los talones, no nos congela la primavera de nuestro espíritu y corazón.Lo dudo, con lo que invertí en el curso de tantra que experimenté hace dos semanas, tanto emocional como economicamente, no pienso de jar de practicar ni un sólo día!!!Extraño las postales, con paisajes que hacen soñar, brillantes colores como los que me hipnotizaban de niña en las ferias de pueblo los cálidos veranos mediterráneos.Gracias Grace por enviarme un rayo de sol a mi sórdida mesa de oficina iluminada por un tétrico neón.

La Oruga dijo...

Donde habite el olvido,
En los vastos jardines sin aurora;
Donde yo sólo sea
Memoria de una piedra sepultada entre ortigas
Sobre la cual el viento escapa a sus insomnios.

Donde mi nombre deje
Al cuerpo que designa en brazos de los siglos,
Donde el deseo no exista.

En esa gran región donde el amor, ángel terrible,
No esconda como acero
En mi pecho su ala,
Sonriendo lleno de gracia aérea mientras crece el tormento.

Allí donde termine este afán que exige un dueño a imagen suya,
Sometiendo a otra vida su vida,
Sin más horizonte que otros ojos frente a frente.

Donde penas y dichas no sean más que nombres,
Cielo y tierra nativos en torno de un recuerdo;
Donde al fin quede libre sin saberlo yo mismo,
Disuelto en niebla, ausencia,
Ausencia leve como carne de niño.

Allá, allá lejos;
Donde habite el olvido.

LUIS CERNUDA (1902-1963)

Azena dijo...

El otoño no llegará nunca, porque tu corazón es cálido...