miércoles, marzo 21, 2007

Tengo la memoria llena de aniversarios estúpidos
del día que nos conocimos,
la primera vez que nos acostamos,
la noche que nos peleamos,
nuestra última noche juntos.

Tengo la memoria llena de ti,
de tus miradas de seductor,
de niño abandonado,
de megalómano.

Tengo la memoria llena de finales alternativos
y de las palabras que fui incapaz de decirte
aquella última noche.

Como el disco duro de un ordenador
sin espacio para información nueva.

Mi memoria tan llena
y mis manos tan vacías.

6 comentarios:

La Oruga dijo...

Lo que palpita, lo que nos arrastra, lo intenso... es lo que nos lleva a escribir tan de puta madre (ups, perdón!! jejeje). Lástima que el dolor sea el puto interruptor.

El Peregryno dijo...

Sí el dolor es ese interruptor casi siempre,constato lo dicho por la oruga,es cojonudo esto que has escrito.

The Wild Rose dijo...

Tal vez -sólo tal vez- somos más dueños de nuestros recuerdos que de lo que hay en nuestras manos.
Gracias por escribir, la parte G. de todos nosotros vuelve a brillas. I love you.

gretelgris dijo...

A la suegra no le parece tan bien.
Claro que qué sabrán las suegras de antiquísimos héroes.

Iría a desfragmentarte rápido, la suegra, si supiera;
y si en realidad no lo hicieras muy bien tú solita, camuflada detrás de un dobladillo, con una leve sonrisa en los labios.

La Oruga dijo...

Olvídate del pasado y vente pal norte... ya!!!

verborrea suicida dijo...

tanta trsiteza.
tanta identificacion.
detesto leer cosas y encontrarme tan desnuda.