jueves, enero 18, 2007

Reglas absurdas

Soy poco dada a pedir favores, el tiempo me ha enseñado que las cosas salen mejor cuando uno mismo se encarga de ellas o bien paga para que alguien que se dedica a eso lo haga.Hay gente que ante el mínimo esfuerzo o dificultad acude a los demás. No sé cómo lo hacen, pero siempre consiguen sus objetivos. Es todo un arte o quizá tengan un gen del que yo carezco. Tengo que reconocer que los envidio.Yo he aprendido a arreglármelas (mejor o peor) cuando necesito algo. No se trata de ser más lista, más hábil, más orgullosa o autosuficiente. Se trata simplemente de ser más práctica. Y a mi me resulta más sencillo, rápido, económico y mucho menos cansado (aunque a simple vista parezca lo contrario, pero es sólo ilusión) encargarme yo del asunto.
Pero de vez en cuando caigo en la trampa de pensar que sería mejor pedir ayuda a alquien para esa cosa pequeña y sencilla que a mi se me presenta más compleja...Y vuelvo de nuevo a lo mismo: al enfado, la decepción, al pesimismo. Y recuerdo que a veces olvido que nacemos solos y morimos solos.
Pero esta última vez lo tomé con tranquilidad, ni siquiera sufrí una leve decepción, ni un pinchazo de rabia o enfado. Tras tres días escuchando mañana lo hago, seguro mañana, comprendí que no tenía la más mínima intención de hacerlo, y no le culpo. (Fue como la última vez que ví a H. y al despedirnos dijo que me llamaría y yo sonreí, le besé y dije vale, hasta entonces. Y salí del coche sabiendo que eso no iba a suceder y que él también lo sabía y que seguramente pasaría mucho tiempo antes de que volviéramos a encontrarnos...)
Y sin embargo, los dos seguimos comportándonos como si realmente pensáramos que mañana sí que lo haría.Porque estas pequeñas mentiras son necesarias para algo, aunque todavía no he descubierto para qué...

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Paraguayo.

Anónimo dijo...

Igual hay algo dentro de nosotros que no esta en paz hasta que recibe la decepcion. Igual la decepcion es, despues de todo y como dijo Lispector, la verdadera felicidad.

Anónimo dijo...

Muy bueno eso de Lispector.Sí, aveces necesitamos pegarnos la ostia para abrir los ojos, o decir algo por compromiso en vez de despedirnos en silencio.La gente te decepciona, por eso es mejor no esperar nunca nada, no depender de nadie, y estoy deacuerdo en que no es cuestión de orgullo, sino de realismo y de evitarse malos momentos.Además, sino esperas nada es cuando la vida te sorprende, cuando percibes que no todo está, por supuesto, bajo nuestro control.Besos del peregrino

La Oruga dijo...

No estoy tan segura de que Clarice, querida Rose... pero ya sé: a rose is a Rose is a rose... y todo lo demás también.

Ya sabes dónde y cuándo, Grace. Nos falta, como siempre, el cómo.

Azena dijo...

a veces lo único que nos queda es compartir nuestra soledad...

Anónimo dijo...

PARA TENER EL PLACEBO QUE NECESITAMOS