martes, mayo 10, 2005

Alicia en el País de Cimadevilla

Alicia ya no es la misma desde que ha encontrado a su conejo blanco, comprendió porque el gato de Cheshire contestaba con evasivas a sus preguntas acerca del camino que había tomado el conejo blanco, el gato que siempre ha sido muy listo sabía que cuando Alicia encontrara al conejo blanco sería el fin del juego, el principio de otro libro, las aventuras de Alicia no tienen fin, sólo cambian el decorado y los personajes, Alicia sigue cerrando los bares, aceptando las invitaciones de los hombres y buscando pareja de billar, aunque ya no le importa perder, porque sabe que ninguna de estas es la partida decisiva, Alicia ha dejado de hacer muescas en su cama, le está cogiendo cariño a dormir fuera de casa y empieza a disfrutar del nuevo juego aunque de momento sea con el suplente...

3 comentarios:

Marsala dijo...

Mira que te lo advirtieron de pequeña ¡No te fíes de los gatos! Pero nada, tú empeñada en preguntarle el camino siempre al burlón felino de amplia sonrisa.
Por suerte con el conejo blanco no hubo dudas ni juegos, quizá porque el conejo blanco sabe perfectamente el juego de Alicia, y ya no le sorprende que se haga muy grande muy grande o muy pequeña muy pequeña. Sólo desea que le ayude a buscar sus guantes... ¿Podrás encontrar unos guantes blancos en el tapete verde? Alicia fingirá que es una persona cuerda en un mundo de locos, total, para qué, para darse cuenta al final de que no es más que otro personaje, igual de absurdo, y que necesita al conejo blanco para encontrar el camino. De todas formas siempre podrás pararte en mi mesa a tomar té y celebrar nuestros no-cumpleaños.

Nadia dijo...

Pobre alicia, ahora ya no tiene eleccion, puto gato loco. Bueno, le levantaremos 1 carta Oh! la Reina de Corazones, pero bueno, más difícil todavía. Alicia, no te fies ni de tu sombra que es la única que nunca te abandona......

Embajadora de la República de Albanta dijo...

"Reloj de arena, tu cuerpo.
Te estrecharé la cintura
para que no pase el tiempo"

Abrazo, de Aquilino Duque

Recuerda que el tiempo se apremia para el conejo blanco.